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domingo, 24 de abril de 2016

Despertar no es en el futuro


Eckhart habla sobre la aparente contradicción de llegar a Despertar en el futuro y estar Despierto ya.

lunes, 18 de abril de 2016

LA "ENFERMEDAD" ES TAN SOLO UNA ETIQUETA MENTAL


La "enfermedad" es tan solo un concepto mental.
Con respecto a las enfermedades, el enfoque que más ayuda es aceptar lo que sea que sientas en este momento.
Algunas personas creen que significa aceptar su enfermedad, pero no, porque "enfermedad" es un concepto mental.
La realidad de la enfermedad es únicamente lo que experimentas en este momento.
El término "enfermedad", solo es un concepto creado por la mente. Y si te enfocas en éste, se agranda. Si tu atención está enfocada en la "enfermedad", ésta se hace más grande, porque todo aquello en lo que ponemos nuestra atención, crece, se intensifica, se refuerza. Por tanto, al enfocarte en el término "enfermedad", crece la imagen mental de que estás enfermo.
Cuando digo "acepta lo que es", algunas personas lo malinterpretan y creen que lo que deben aceptar es su enfermedad, pero no es así. No necesitas aceptar la enfermedad porque la idea misma de enfermedad es solo una idea en la mente.
No hay ninguna enfermedad. La única realidad de la "enfermedad" es LO QUE EXPERIMENTAS EN ESTE INSTANTE.
Por tanto, por mucho que tengas una "enfermedad" diagnosticada, si en este momento no sientes dolor, te encuentras bien, esto es lo que importa, ya que lo importante es lo que experimentas justo en este momento.
Aunque el médico te diga "esta enfermedad se llama así y no se ve bien", aún así, la única realidad de la enfermedad es este momento. Y esto es lo que aceptas interiormente; "Esto es lo que es".
Se puede resumir a dolor, a incomodidad y malestar, a alguna discapacidad o a alguna debilidad... Te mantienes con eso, avanzas a partir de ahí.
El tratamiento es otra cuestión; puede que busques un tratamiento convencional, o uno alternativo, pero no estoy recomendando nada, esto depende de ti. No estoy diciendo "esto está bien y esto está mal". Lo importante es no crear una imagen mental de "enfermedad", renuncia a eso tanto como puedas, de manera que no te enfoques en eso.
Mantente en el momento presente, en lo que es. Mantente como Presencia, con la atención enfocada en lo que Es, que es lo que Eres más allá de la persona. Entonces, deja que el desafío de la "enfermedad" te empuje más hacia el momento presente.
Eckhart Tolle


lunes, 22 de febrero de 2016

LA VERDADERA LIBERACIÓN


La única verdadera liberación es la liberación de tu mente (el ego).

¿Y cómo puedo liberarme de la mente?

Empieza por escuchar la voz que habla dentro de tu cabeza, y hazlo tan frecuentemente como puedas.
Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo.
Esto es lo que llamo "observar al pensador", que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua (como el testigo).

Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues.
No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás.
Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola.
Esta comprensión "Yo soy", esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento, surge de más allá de la mente. Así, cuando escuchas un pensamiento, no sólo eres consciente del pensamiento, sino también de ti mismo como testigo del pensamiento.
Ha hecho su aparición una nueva dimensión de conciencia.

Cuando escuchas el pensamiento, sientes como si hubiera una presencia consciente (tu yo profundo) por debajo o detrás de él. De este modo el pensamiento pierde su poder sobre ti y se disuelve rápidamente, porque ya no energetizas tu mente mediante la identificación con ella. Es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.

Cuando el pensamiento se aquieta, experimentas una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de "no-mente".
Al principio las brechas serán cortas, tal vez duren unos segundos, pero gradualmente se irán prolongando.
Cuando ocurren estas discontinuidades, sientes cierta quietud y paz dentro de ti. Es el principio del estado natural de sentirte unido al Ser, generalmente nublado por la mente.

Con la práctica, la sensación de quietud y de paz se va ahondando. De hecho, esa profundidad no tiene fin.
También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría de Ser.

En este estado de conexión interna, estás mucho más alerta, más despierto que en el estado de identificación mental. Estás plenamente presente. Y también se eleva la frecuencia vibratoria del campo energético que da vida al cuerpo físico.

A medida que profundizas en este reino de la no-mente, como a veces se le denomina en Oriente, vas alcanzando el estado de conciencia pura.
En este estado sientes tu propia presencia con tal intensidad y alegría que, en comparación, todo pensamiento, toda emoción, tu cuerpo físico y todo el mundo externo se vuelven relativamente insignificantes.
Sin embargo, no es un estado de egoísmo, sino de desprendimiento y generosidad.
Te lleva más allá de lo que pensabas que era "tu identidad".
Esa presencia es esencialmente tú, y al mismo tiempo es inconcebiblemente mayor que tú.

En lugar de "observar al pensador", también puedes crear una apertura en la corriente mental por el simple hecho de dirigir el foco de tu atención al ahora. Basta con que te hagas intensamente consciente del momento presente.
Retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas.
Ésta es la esencia de la meditación.

En tu vida cotidiana, puedes practicar esto tomando cualquier actividad rutinaria y darle toda tu atención.
Por ejemplo, cada vez que subas o bajes escaleras, presta mucha atención a cada escalón, a cada movimiento, incluso a tu respiración. Mantente totalmente presente.
O cuando te laves las manos, presta atención a todas las percepciones sensoriales asociadas con esa actividad: el sonido y la sensación del agua, el movimiento de tus manos, el aroma del jabón, etc.
En cualquier actividad, detente durante unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de una silenciosa pero intensa sensación de presencia.

Hay un criterio que te permite medir el éxito logrado en esta práctica: el grado de paz que sientas en tu interior.

El paso más vital en tu camino hacia la iluminación es éste: aprender a no identificarte con tu mente.
Cada vez que creas una apertura en el flujo mental, la luz de tu conciencia se fortalece.

Puede que un día te sorprendas sonriendo a la voz que suena en tu cabeza, como sonreirías a las travesuras de un niño. Esto significa que has dejado de tomarte el contenido de tu mente tan en serio, y que tu sentido de identidad ya no depende de él.

Eckhart Tolle 



domingo, 7 de febrero de 2016

LA IMPERMANENCIA Y LOS CICLOS DE LA VIDA


Mientras usted esté en la dimensión física y ligado a la mente humana colectiva, el dolor físico es aún posible.
Esto no debe confundirse con el sufrimiento, con el dolor mental-emocional.
Todo sufrimiento es creado por el ego y se debe a la resistencia.
Mientras usted esté en esta dimensión, aún está sujeto a su naturaleza cíclica y a la ley de la impermanencia de todas las cosas, pero ya no percibe esto como "malo". Simplemente es.
Al permitir el "ser" de todas las cosas, se le revela una dimensión más profunda bajo el juego de los contrarios, como una presencia permanente, una profunda quietud que no cambia, una alegría sin causa que está más allá del bien y del mal. Esta es la alegría del Ser, la paz de la Divinidad.

En el nivel de la forma, hay nacimiento y muerte, creación y destrucción, crecimiento y disolución de las formas aparentemente separadas.
Esto se refleja en todas partes: en el ciclo vital de una estrella o un planeta, en un cuerpo físico, un árbol, una flor, en el surgimiento y la caída de las naciones, los sistemas políticos, las civilizaciones; y en los inevitables ciclos de ganancia y pérdida de la vida de un individuo.

Hay ciclos de éxito; cuando las cosas vienen a usted y prosperan. Y ciclos de fracaso; cuando se retiran o se desintegran y usted tiene que dejarlas ir para dejar espacio a que surjan cosas nuevas, o para que ocurra la transformación.
Si usted se aferra y se resiste en este punto, significa que está rehusando seguir el flujo de la vida, y sufrirá.
No es cierto que el ciclo ascendente sea bueno y el descendente malo, excepto en el juicio de la mente.
El crecimiento se considera positivo habitualmente, pero nada puede crecer por siempre.
Si el crecimiento, de cualquier tipo, continuara por siempre, se volvería eventualmente monstruoso y destructivo.
Se necesita la disolución para que pueda ocurrir nuevo crecimiento. Uno no puede existir sin el otro.
El ciclo descendiente es absolutamente esencial para la realización espiritual.
Usted debe haber fracasado profundamente en algún nivel o experimentado una pérdida o un dolor profundo para ser llevado a la dimensión espiritual.
O quizás el mismo éxito se volvió vacío y sin significado y así resultó un fracaso.
El fracaso se esconde en cada éxito y el éxito en cada fracaso.
En este mundo, que permanecerá en el nivel de la forma, las personas "fracasan" tarde o temprano, por supuesto, y cada logro eventualmente se convierte en nada. Todas las formas son impermanentes.

Usted puede de todos modos ser activo y disfrutar el crear nuevas formas y circunstancias, pero no se identificará con ellas. No las necesita para obtener un sentido de sí mismo. No son su vida, sólo su situación vital.

Su energía física también está sujeta a ciclos. No puede estar siempre en un tope. Habrá épocas de energía baja, así como otras de energía alta.
Habrá periodos en los que usted es muy activo y creativo, pero también puede haber otros en los que todo parece estar estancado, cuando parece que usted no llega a ninguna parte, no logra nada.
Un ciclo puede durar desde unas horas hasta varios años. Hay grandes ciclos y ciclos cortos dentro de los largos.
Muchas enfermedades se producen por luchar contra los ciclos de energía baja, que son vitales para la regeneración.
La compulsión a actuar y la tendencia a derivar su sentido del propio valor y de la identidad de factores externos tales como el éxito, es una ilusión inevitable mientras usted esté identificado con la mente.
Esto le hace difícil o imposible aceptar los ciclos bajos y permitirles ser. Así, la inteligencia del organismo puede tomar el control como una medida autoprotectora y producir una enfermedad para forzarlo a detenerse, de modo que pueda tener lugar la regeneración necesaria.

La naturaleza cíclica del universo está estrechamente ligada con la impermanencia de todas las cosas y situaciones. El Buda hizo de esto una parte central de su enseñanza.
Todas las condiciones son altamente inestables y están en flujo constante, o, como él lo expresó, "la impermanencia es una característica de toda condición, de toda situación que usted pueda enfrentar en su vida. Estas cambiarán, desaparecerán o ya no le satisfarán."
La impermanencia es también fundamental en el pensamiento de Jesús: "No guarden tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen y donde los ladrones entran y roban..."

Mientras una condición se considere "buena" por la mente, sea una relación, una posesión, un papel social, un lugar o su cuerpo físico, la mente se apega a ella y se identifica con ella.
Lo hace feliz, lo hace sentirse bien consigo mismo y puede formar parte de lo que usted es, o de lo que cree que es.
Pero nada dura en esta dimensión donde la polilla y la herrumbre consumen. O termina, o cambia, o sufre un cambio de polaridad: la misma condición que era buena ayer o el año pasado, se ha vuelto mala de repente o gradualmente. La misma condición que lo hizo feliz, lo hace entonces infeliz.
La prosperidad de hoy se vuelve el consumismo vacío de mañana.
El matrimonio y la luna de miel felices se convierten en el divorcio o la coexistencia desdichada.
O la condición desaparece, así que su ausencia lo hace infeliz.

Cuando una condición o situación a la que la mente se ha apegado y con la que se ha identificado, cambia o desaparece, la mente no puede aceptarlo.
Se aferrará a la condición que desaparece y se resistirá al cambio.
Es casi como si le arrancaran un miembro del cuerpo.

A veces oímos decir que personas que han perdido todo su dinero o cuya reputación se ha arruinado, se suicidan. Estos son los casos extremos. Otros, cuando tienen una gran pérdida de un tipo u otro, simplemente se vuelven profundamente infelices o se hacen daño a sí mismos. No pueden distinguir entre su vida y su situación vital.
Hace poco leí sobre una actriz famosa que murió a los ochenta y tantos años. Cuando su belleza empezó a desvanecerse y a ser devastada por la vejez, ella se volvió desesperadamente infeliz y se recluyó. También ella se había identificado con una condición: su apariencia externa. Primero, la condición le dio un sentido feliz de sí misma, luego uno infeliz.
Si hubiera sido capaz de conectarse con la vida sin forma y sin tiempo de su interioridad, podría haber observado y permitido el marchitamiento de su forma externa desde un lugar de serenidad y paz. Más aún, su forma externa se habría vuelto cada vez más transparente a la luz de su naturaleza verdadera y sin edad que brillaba a través de ella, así que su belleza no se habría marchitado sino simplemente se habría transformado en belleza espiritual.
Sin embargo, nadie le dijo que esto era posible. El tipo de conocimiento más esencial no es todavía ampliamente accesible.

El Buda enseñó que incluso la felicidad es dukkha, una palabra pali que significa "sufrimiento" o "insatisfacción".
Es inseparable de su contrario. Esto significa que su felicidad e infelicidad son de hecho una sola cosa. Sólo la ilusión del tiempo las separa.

Esto no es ser negativo. Es simplemente reconocer la naturaleza de las cosas, de modo que no persiga una ilusión por el resto de su vida.
Tampoco es decir que no debería apreciar ya las cosas o condiciones placenteras o bellas. Pero buscar en ellas algo que no pueden dar -una identidad, un sentido de permanencia y de realización- es una receta para la frustración y el sufrimiento.
Toda la industria de la publicidad y la sociedad de consumo se derrumbarían si la gente se iluminara y dejara de buscar su identidad a través de las cosas.
Cuanto más busque la felicidad por este medio, más lo eludirá. Nada exterior lo satisfará, excepto temporal y superficialmente, pero puede que necesite experimentar muchas desilusiones antes de darse cuenta de esta verdad.
Las cosas y las condiciones externas pueden darle placer, pero no pueden darle alegría.
Nada puede darle alegría. La alegría no tiene causa y surge de adentro como alegría de Ser.
Es parte esencial del estado interior de paz, el estado que ha sido llamado la paz de Dios. Es su estado natural, no algo para lo que usted tiene que trabajar duro o que tiene que esforzarse por alcanzar.

Muchas personas nunca se dan cuenta de que no puede haber "salvación" en nada que hagan, posean o alcancen.
Los que se dan cuenta de ello a menudo se cansan del mundo y se deprimen: si nada puede darle verdadera realización, ¿qué queda para luchar por ello? ¿Qué sentido tiene todo?
El profeta del Antiguo Testamento debió llegar a tal comprensión cuando escribió: "He visto todo lo que se ha hecho bajo el sol y todo es vanidad y esforzarse contra el viento".
Cuando usted llega a este punto, está a un paso de la desesperación y a un paso de la iluminación.

Un monje budista me dijo una vez: "Todo lo que he aprendido en los veinte años que llevo de monje puedo resumirlo en una frase: todo lo que surge se desvanece. Eso es lo que sé".
Lo que quería decir, por supuesto, era esto: he aprendido a no ofrecer resistencia a lo que es; he aprendido a dejar ser al momento presente y a aceptar la naturaleza impermanente de todas las cosas y condiciones. Así he encontrado la paz.

No ofrecer resistencia a la vida es estar en un estado de gracia, sosiego y levedad.
Ese estado ya no depende de que las cosas sean buenas o malas. Parece casi paradójico, sin embargo que cuando su dependencia interior de la formas ha desaparecido (cuando ya no hay apego a las cosas o personas), las condiciones generales de su vida, las formas externas, tienden a mejorar en gran medida.
Las cosas, las personas o las condiciones que usted pensaba que necesitaba para su felicidad llegan ahora a usted sin esfuerzo de su parte y usted está libre para gozarlas y apreciarlas, mientras duren.
Todas esas cosas, por supuesto, se irán, los ciclos irán y vendrán, pero una vez desaparecida la dependencia ya no hay temor a la pérdida. La vida fluye con facilidad.

La felicidad que se deriva de una fuente secundaria nunca es muy profunda. Es sólo un pálido reflejo de la felicidad de Ser, la paz vibrante que usted encuentra en su interior cuando entra en el estado de no resistencia.
El Ser lo lleva más allá de los polos opuestos de la mente y lo libera de la dependencia de la forma.
Incluso si todo se derrumbara a su alrededor, aún sentiría un profundo núcleo interior de paz. Puede que no sea feliz, pero estará en paz.


Eckhart Tolle