sábado, 4 de junio de 2016

EL AMOR HACIA TI MISMO REPARA EL DOLOR DE LA INFANCIA



EL AMOR HACIA TI MISMO REPARA EL DOLOR DE LA INFANCIA 


En ti sigue habiendo un niño que es necesario cuidar, todavía sientes su sensibilidad, su vivacidad, su espontaneidad y también su pureza, su inocencia y su ingenuidad. Tu niño interior además, guarda todas las impresiones fuertes que te afectaron, las frases que se te grabaron, la exigencia que... (sigue leyendo en el enlace de abajo)



El cocuyo y la luciérnaga

Una cálida tarde de verano, un cocuyo de color negro y una luciérnaga jugaban juntos entre las ramas  de los árboles del denso bosque.

El valor de la superación
Pasadas las horas, el bosque comenzaba a ponerse semi oscuro, algunos árboles apenas se veían en la sombra.

Empezaba a caer la noche; por lo que el cocuyo le dijo a la luciérnaga que debían marcharse a sus madrigueras.

Mientras volaban el cocuyo iba alumbrando el camino, pero mientras avanzaba se percató de que la luciérnaga no llevaba su luz encendida y le dijo:


_ ¡Enciende tu luz!

La luciérnaga confundida en la oscuridad le manifestó:

_ ¡No es necesario!

El cocuyo en silencio comprendió que debía explicarle a la luciérnaga la importancia de la luz. Para ello cambió de rumbo y la  llevó a la cúspide de  una montaña.

Cuando subieron al pico de la montaña, el cocuyo le mostró el bosque desde las alturas y comenzó a  explicarle:    
       
_ Aunque tenemos luces diferentes,  podemos iluminar en la oscuridad de igual manera.

_ Es que me da miedo iluminar. Además soy muy tímida, no me gusta destacar_ dijo la luciérnaga.

Mas el cocuyo con sus luces azuladas y bastante vivas continuó explicando:

_ Con tu luz puedes cambiar un paisaje de sombra y oscuridad por otro paisaje de luz y seguridad.

Luego continuó diciendo:

_ Saca la luz que tienes en tu interior y expándela, podrás alumbrar el camino a los demás.

Al escuchar estas palabras la luciérnaga reflexionó y decidió activar su luz, descubriendo que no podía esconder el brillo que llevaba dentro. Y fue muy feliz alumbrando el bosque junto al cocuyo.

Autora: María Abreu

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