domingo, 21 de julio de 2013

Las cuatro estaciones

Había una vez un hombre que tenía cuatro hijos.

El honbre buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente; entonces los envió a cada uno por turnos a visitar un peral que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el invierno, el segundo en la primavera, el tercero en el verano y el hijo más joven en el otoño.

Cuando todos ellos habían ido y regresado; su padre los llamó, y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo, dijo que estaba cargado de flores, que tenia aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa más llena de gracia que jamás había visto.

El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, y dijo que el peral estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.

Les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, solo por ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones ya han pasado.

Si tú te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano, y la satisfacción del otoño.

No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.

No juzgues la vida solo por una estación difícil.

Aguanta con valor las dificultades y las malas rachas, porque luego disfrutarás de los buenos tiempos.

Sólo el que persevera encuentra un mañana mejor.


"Decálogo para formar un delincuente" por Emilio Calatayud.

El popular juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias educativas y orientadoras, en su libro "Reflexiones de un juez de menores" (Dauro), inserta este interesante "Decálogo" que se presta a la reflexión de padres, madres, cuidadores y educadores en general. Dice así:

1.- Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2.- No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3.- Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más "graciosas".

4.- No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5.- Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6.- Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7.- Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

8.- Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

9.- Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10.- Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.


No te Quejes



No te quejes de nadie, ni de nada, porque fundamentalmente
 tu vida es el resultado de tus propias decisiones. 
No te amargues por tus fracasos ni se los cargues a otro.
Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
 y que ninguno es tan terrible como para claudicar.
Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo
 y el valor de empezar corrigiéndote. 
El verdadero triunfo surge de las cenizas del error.
Nunca te quejes de tu soledad o de tu infelicidad,
 enfréntala con valor y derrótala.
No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, 
así como tu futuro será la consecuencia tu presente.
Aprende de los audaces, de los fuertes, de quienes sobreviven a pesar de todo. 
Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo, 
de esta manera tus problemas aunque no se eliminen, 
irán poco a poco perdiendo fuerza.
Levántate y mira el sol por las mañanas
 y respira la luz del amanecer.
Despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; 
nunca pienses en la suerte... 
porque la suerte es el pretexto de los fracasados.
Cuida tus pensamientos y se volverán palabras…
Cuida tus palabras y se volverán actos…
Cuida tus actos y se volverán hábitos…
Cuida tus hábitos y se formará tu carácter…
Cuida tu carácter y determinarás tu VIDA.